Gotas de agua sobre la rama de un árbol
Aptekarskiy Ogorod | UNSPLASH

Hace unas semanas, mi hija, recién levantada y todo emocionada, me decía: “Ven, ven!”

Y como no dejaba de insistir, casi fui arrastrada hacia la ventana de la cocina, desde donde se vio el abeto fuera en el jardín. 

“Mamá”, dijo – con un tono que dejaba intuir que se trataba de un descubrimiento especial, señalándolo: “el árbol se ha vestido de copos de agua, que parece nieve”.

En su libro Los últimos niños del bosque Richard Louv constata que los niños 

no piden aventuras espectaculares o viajes a África. Necesitan solo probar, un vistazo, un sonido, un contacto (…) para conectar con el borroso mundo de los sentidos.

¿Nos tomamos un momento para mirar esta imagen de las gotas en el árbol? Nos contestamos a nosotros mismos: ¿nos habríamos parado en esta visión, mirando nosotros por la ventana? ¿En la belleza que da el brillo de las cientas de gotas que se quedan inmóvil, pero reflejando la luz, convertidas en cristales que adornan el árbol? La expresión de “vestirse” de copos de nieve deja intuir una conexión profunda entre los elementos de la naturaleza. Todo está unido. Es un aprendizaje que sele ha generado a mi hija en un instante, en una percepción, una imagen que le emanaba del entorno natural. 

Es el aprendizaje del que habla Louv en su libro:

Los niños necesitan la naturaleza para un desarrollo saludable de los sentidos y, por lo tanto, para aprender y ser creativos. Esta necesidad se revela de dos maneras: por un análisis de lo que les sucede a los sentidos de los niños y jóvenes cuando pierden la conexión con la naturaleza, y asistiendo a la magia sensorial que ocurre cuando la gente joven se ve expuesta a la experiencia directa más pequeña de un escenario natural.

Louv habla de una “magia sensorial”. Y justo esto es cuando los niños perciben al entorno natural. El medio natural – y en su libro, Louv va dando muchos ejemplos en forma de estudios pero también de casos individuales – es una fuente con trasfondo. Frente a un conocimiento vacío que nos pueden proporcionar las pantallas: 

Hoy, la vida de los sentidos está (…) electrificada.

Si entendemos que el aprendizaje con trasfondo viene de la interacción con la naturaleza, nos debería preocupar mucho como se están vaciando los aprendizajes, a causa de un empobrecimiento de los sentidos

El profesor Robin Moore que investiga sobre la conexión entre la naturaleza y los niños afirma justo esto: 

Los niños viven a través de sus sentidos. Las experiencias sensoriales vinculan el mundo exterior del niño con su mundo interior, escondido y afectivo.

Aquí se percata Moore de algo muy importante: el mundo afectivo. Cuando mi hija ve aquel espectáculo de fuera (que como sabemos, ni habríamos quizás prestado atención a ello, los adultos que llevamos ya taaanto tiempo en este planeta;), está conmovido, está emocionada. Es la emoción que acompaña su gesto de enseñarme lo visto, lo vivido. 

Igual como las piedras que en los paseos terminan llenando nuestros bolsos (si habéis leído el primer articulo de esta serie del blog), solamente el aspecto de fenómenos naturales de vista puede asombrar a los niños. Y proporcionarles aprendizajes con trasfondo que muchas veces no estamos conscientes que están viviendo. 

Sin embargo, es importante que nos hagamos conscientes

Porque se trata de entender las necesidades de nuestros hijos. Que necesitan. Como crecen. Como aprenden. 

Y el medio natural es un medio importantísimo. Si no, les privamos de algo fundamental. 

Y no es al azar que Louv esté subtitulando su libro: “Salvemos a nuestros hijos del trastorno por déficit de naturaleza”: privar a los niños de esta conexión y experiencias que permiten la conexión con ella, repercute directamente en el estado afectivo, motivacional y en su salud. 

Falta mucha investigación por elaborar más en profundidad la medida en la que la naturaleza influencia en el desarrollo de nosotros como seres humanos. Sin embargo, ya no se puede negar su importancia: 

Dado que el medio natural es la fuente principal de estimulo, la libertad para explorar y jugar con el medio al aire libre mediante los sentidos (…) resulta esencial para el desarrollo saludable de una vida interior. (..) Este tipo de interacción autónoma y autoactivada es lo que llamamos juego libre. (..) Un medio rígido, poco estimulante, limitará el crecimiento saludable y el desarrollo del individuo o del grupo (R. C. Moore, p. 95/96).

¿Mi deseo para este tiempo del adviento navideño? Nos deseo a los adultos que miremos más por la ventana, reviviendo lo que nos pueden transmitir nuestros sentidos, siempre y cuando los tenemos abiertos. 

Ya sabéis que tenemos los mejores ayudantes cerca: nuestros hijos.


Si os interesa indagar más sobre la relación de la primera infancia y la naturaleza, os facilitamos tanto el libro de Louv y otras lecturas sobre la crianza respetuosa en www.kanikas.com, a través de una colaboración con la librería Los Libros Salvajes. El próximo y último post por mi parte para LUDUS en esta serie será sobre iniciativas internacionales educativas vanguardistas que han integrado la naturaleza de manera magnífica en sus aulas.

Referencia
Louv, Richard. 2005. Los últimos niños del bosque. Salvemos a nuestros hijos del trastorno por déficit de naturaleza. Capitán Swing Libros S.L. (ISBN 978-84-948710-1-6)