Aquest contingut està disponible únicament en castellà. Pots accedir a una traducció automàtica aquí.

La conciliación o el intento por conseguir equilibrar una balanza de hijos, familia, trabajo, amigos, cuidados e intimidad suele convertirse en tarea imposible. La pregunta es por qué. Es fuente de insatisfacción constante. Vamos con la lengua fuera a todas partes. Sin descanso. Con desasosiego. Sufriendo. Como dijo Leonor Watling en la presentación del libro que acabo de publicar -Conciliaqué. Del engaño de la conciliación al cambio real. Ed. Litera- siempre que nos tenemos que ir de un sitio lo hacemos desde el dolor, pareciera como si nunca estuviéramos en el lugar que queremos.


Madre e hijo disfrutando de la naturaleza

Foto: taylorschlades


¿Cómo hemos llegado hasta aquí? La psicóloga María Jesús Álava explica en el libro que aunque la legislación haya avanzado, ahora es más difícil conciliar que hace quince años. La razón hay que buscarla en la forma en la que hemos salido de la crisis económica con un aumento de la precariedad y la consolidación de menos derechos laborales. “¿Cómo voy a tener hijos si no puedo pagar el alquiler”, “Me echaron del trabajo simplemente por ser madre” y ‘El sindiós de los horarios laborales en España’, son solo algunos de los capítulos en los que buceo en el contexto actual, en experiencias propias y ajenas e invito a la reflexión. No estoy sola. Me acompañan neuropsicólogos como Álvaro Bilbao, psiquiatras como Ibone Olza, pediatras como Carlos González, psicólogas como Rosa Jové, demógrafas como Teresa Castro, escritoras como Marta Sanz o filosofas como Carolina del Olmo. Comparto con vosotros algunas de las reflexiones que desarrollan en el libro: 

  • Álvaro Bilbao, neuropsicólogo: “Sería muy importante que los padres y las madres en todas las empresas tuvieran la facilidad y la flexibilidad de poder salir de su trabajo a una hora que les permitiera llevar a sus hijos al colegio y recogerlos”.
  • Carlos González, pediatra: “Conciliar es poder llevarte el hijo al trabajo. El otro día leía una noticia que hablaba de cómo se está poniendo de moda que puedas llevar el perro a la oficina. Que las grandes empresas tecnológicas lo promocionan porque la felicidad de los empleados aumenta que da gusto. ¡Ostras, el perro sí, pero el bebé, no!”
  • Marta Sanz, escritora: “La conciliación la concibo dentro de los posibles logros del feminismo. Entiendo que desde que se murió Franco, el trabajo de nuestras madres, abuelas y las que se manifestaron a lo largo de muchas décadas, han hecho que las cosas no sean tan bestias como eran antes. (…) Hemos avanzado en muchas cosas. Pero también creo que ahora estamos sufriendo un proceso de regresión global terrible, como consecuencia de la crisis económica”.
  • Teresa Casto, demógrafa: “El problema es el trabajo precario, no que nazcan menos niños”.
  • Rosa Jové, psicóloga: “No estoy a favor de las guarderías, pero entiendo que son el mal menor”.
  • Leila Guerriero, periodista y escritora: “Me alarma cuando veo amigas mías, queridas, con las que hemos compartido mucho, también ideas acerca de género y de cosas como las que estamos hablando y, de pronto, tienen un hijo y empiezan con el discurso de: ‘No mirá, todo lo que hablamos está bien, pero la verdad es que el chico durante los primeros años necesita mucho más a la madre que al padre’. Lo cual a mí me desespera, porque te estoy hablando de mujeres que forman parte de la clase media ilustrada, culta y privilegiada. A mí eso no deja de asombrarme y alarmarme mucho. Yo siempre les digo lo mismo: ‘Bueno, entonces los viudos tendrán a todos los hijos muertos”.
  • Ibone Olza, psiquiatra infantil: “Ser madre no es lo mismo que ser padre, la biología es políticamente incorrecta”.
  • Beatriz Gimeno, activista feminista y escritora: “El instinto maternal no existe”.
  • Carolina del Olmo, filósofa: “Hemos perdido la posibilidad de ser mujer trabajadora y madre al mismo tiempo”. 
  • José Luis Casero, empresario: “Conciliar significa cambiar las prioridades”.

Me pregunto si la renuncia es la única forma de conciliar, si las mujeres somos las únicas que asumimos el problema, qué ocurre con las necesidades del bebé o si solo tienen derecho a conciliar los que tiene hijos. 


Es necesario comenzar un debate social sobre la conciliación. Ponerlo en la agenda de los políticos. Y para eso lo primero es ser solidario y empático con el que tenemos al lado. El derecho a la conciliación es de todos, con independencia de sus circunstancias personales. No podemos depender de un jefe benevolente para salir antes del trabajo, debe de haber un política empresarial flexible y que sea alentada por los poderes públicos. Si revolución no habrá cambio. Y, sin cambio, no habrá verdadera libertad.