Casuca del sauce es un espacio de Educación Viva y acompañamiento respetuoso para la
etapa infantil (0-6 años), situado en una casa con jardín en Ajo, Cantabria.
El proyecto nace del deseo de ofrecer a la infancia un lugar donde crecer sin prisas, en
contacto con la naturaleza, donde lo prioritario es crear vínculos sanos y de calidad. Un
espacio donde cada criatura pueda desarrollarse desde su autenticidad, siendo mirada y
acompañada con respeto, presencia y escucha.
Vivimos el aprendizaje como algo inseparable de la vida. Creemos que la infancia necesita
tiempo, movimiento, juego, relación, calma y experiencias reales para crecer de forma sana y
coherente. Por eso nuestro día a día se construye alrededor de lo cotidiano: cuidar de los
animales, sembrar la huerta, cocinar, observar los cambios de las estaciones, celebrar los ciclos
de la tierra, compartir conversaciones, resolver conflictos, crear con las manos, explorar el
entorno y convivir.
Convivimos con gallinas, conejas, cabras, una tortuga, una pava y un gallo, y entendemos el
cuidado de los animales, las plantas y el entorno como parte esencial de la experiencia
educativa. La naturaleza es nuestra gran maestra; nos enseña sobre los ritmos, los cuidados, la
transformación, la cooperación y nos proporciona sentido de pertenencia.
Nos nutrimos de distintas miradas pedagógicas y humanas, tomando aquello que resuena con
nuestra forma de acompañar la infancia: el movimiento libre, la autonomía, la exploración
sensorial, el arte, la música, la comunicación respetuosa y el acompañamiento emocional.
Ponemos especial atención en la escucha, la oralidad y la calidad de las relaciones,
entendiendo el vínculo como la base de todo aprendizaje.
Acompañamos tanto a las criaturas como a las familias desde una mirada libre de juicio,
confiando en los procesos de vida de cada persona. No buscamos moldear ni corregir la
esencia de la infancia, sino ofrecer un entorno seguro y amoroso donde cada niño y niña
pueda crecer en relación consigo mismo, con los demás y con el mundo que le rodea.
Nuestra presencia como adultos parte de una autoridad afectiva y consciente, donde los
límites se expresan desde el cariño, la coherencia y el respeto mutuo. Damos valor a la espera,
al diálogo, a las decisiones compartidas y al cuidado de la convivencia.
En nuestra rutina organizamos los tiempos respetando los ritmos individuales y colectivos,
alternando momentos de juego libre, movimiento, descanso, exploración y propuestas que
nacen del interés y la curiosidad de las criaturas. Priorizamos el disfrute, el placer de hacer, la
conexión con el cuerpo y el trabajo con las manos.
Queremos contribuir a un cambio de mirada sobre la infancia y la existencia humana, donde el
deber pueda transformarse en placer, el esfuerzo impuesto en celebración y lo cotidiano
recupere su capacidad de asombro.
Entendemos nuestro espacio como un lugar de vida, porque vivir y aprender son parte del
mismo proceso. Llevamos dos años dando forma a este proyecto, creciendo y aprendiendo
junto a las criaturas y sus familias, en constante evolución y búsqueda de una educación más
humana, consciente y coherente.