Para educar a una tribu hace falta un niño

Me llamo André, soy un niño, no como caramelos y no voy al cole de esta manera se presentaba André Stern cuando tenía cuatro años. Algunas décadas después, confiesa que en su vida han cambiado muy pocas cosas y que sigue dedicándose, fundamentalmente, a jugar y a ver la vida desde el otro lado del espejo, adonde intenta llevar durante un rato a quienes le escuchan.

André Stern nunca fue escolarizado. Sus padres, Michèle y Arno Stern, tomaron esta decisión no porque estuvieran en contra de la escuela, sino porque estaban a favor de dejar florecer las disposiciones espontáneas del niño. + leer más