Entrevista a Esto no es una escuela

Jara, Diana y Diego son los tres miembros de una familia que un buen día decidió liarse el petate a la bicicleta y recorrer el mundo en busca de experiencias educativas innovadoras. Tuvimos la suerte de conocerles personalmente a su paso por Barcelona y compartir risas y reflexiones. De allí surgieron unas preguntas y aquí están sus inspiradoras respuestas.

¿Cómo se os ocurrió iniciar esta aventura?
 
No fue algo repentino, sino que empezó todo como un proyecto pequeño, personal. La idea era visitar unas pocas escuelas para inspirarnos y conocer más sobre educación. Porque desde que nació nuestra hija ¡la educación se ha convertido en nuestro monotema! Pero cuando nos dimos cuenta de la necesidad de información que había a nuestro alrededor pensamos que esto merecía difundirse todo lo posible, y así fuimos poco a poco montando todos los aspectos del viaje (en bici, recorriendo varios países, filmando un documental sobre la marcha…) para que fuera algo llamativo y que sirviera para divulgar esta forma de educar tan desconocida aún.
 
¿Guardais malos recuerdos de vuestro paso por el cole? ¿En qué aspectos os ha marcado la educación que recibísteis? ¿En qué desearíais que fuera diferente la educación de vuestra hija?
 
El recuerdo que tenemos del colegio, a grandes rasgos, se resume en tres palabras: tedio, competitividad, miedo. Pensamos que, como tantos otros niños, hemos perdido un tiempo precioso estudiando cosas que no nos interesaban en ese momento, o que no entendíamos, y que tenían el efecto de hacernos perder la curiosidad y las ganas de aprender. Esto no lo hemos verbalizado ni hemos sido realmente conscientes de ello hasta que nació Jara y empezamos a recordarlo. Ver la curiosidad infinita de una niña, su hambre por descubrir, por manipular todo, por aprender a hacer lo que nos ve hacer a nosotros (no lo que nosotros esperamos que haga o lo que le decimos que haga)… esa ha sido la semilla de nuestro proyecto: el deseo por conservar ese tesoro con el que nacen todos los niños. No queremos que Jara estudie algo sólo para aprobar un examen, o para sacar una nota, como tantas veces hicimos nosotros, sino que sea porque es algo que a ella le interesa y que le sirve para entender el mundo y disfrutar de su vida.
 
¿Qué criterio seguisteis para decidir los centros a visitar?
 
Queríamos que fueran proyectos consolidados, tanto públicos como privados, o bien con una fundamentación sólida muy argumentada, y representativos de una educación activa y no directiva. También nos interesaban mucho las iniciativas que permiten a los niños estar en contacto con la naturaleza (como las escuelas al aire libre), y algunas que permiten a los niños convertirse en autores de su educación construyendo con herramientas (como la Tinkering School en Estados Unidos). También, claro, debían ser escuelas deseosas de difundir su trabajo.
 
¿Por qué países habéis pasado? ¿Qué destacarías de cada uno de ellos?
 
Hemos estado visitando escuelas en Alemania, Holanda, Inglaterra y Estados Unidos, además de España. En Alemania visitamos dos Waldkindergartens o escuelas al aire libre. Nos encanta la libertad que tienen los niños para aprender jugando en plena naturaleza. En Holanda estuvimos en una escuela democrática magnífica, De Vallei, que tiene un enfoque muy elaborado del aprendizaje (entendido como juego, descubrimiento, y maestría). En Inglaterra visitamos varias escuelas, dos de ellas públicas, y todas muy interesantes, que permiten a los estudiantes mucha más libertad de lo habitual y fomentan un sentimiento de responsabilidad personal y colectiva a través de la participación. En Estados Unidos pudimos conocer personalmente y entrevistar a varias personas muy interesantes en el mundo de la educación, como Peter Gray, catedrático de psicología dedicado a defender los beneficios de la educación democrática. También visitamos proyectos educativos muy inspiradores como la escuela pública Mission Hill, en Boston, el Agile Learning Centre de Nueva York, la maravillosa y veterana escuela Play Mountain Place en Los Ángeles, y la fantástica Tinkering School de San Francisco.  En el estado español hemos vistado muchas iniciativas, públicas y privadas, algunas de ellas nos parecen únicas y valiosísimas, y están surgiendo proyectos por doquier, las familias cada vez son más conscientes de que este sistema educativo, masificado y basado en la obediencia y la competiividad, no hace ningún bien a nuestros hijos.
  
¿Cómo valoráis la salud de la educación alternativa en España?
 
En España hay muchísimas iniciativas pequeñas, a nivel privado, para infantil fundamentalmente (es la etapa en que menos dificultades legales hay, y la mayor parte de las familias con niños de esas edades no están aún preocupadas por el aprendizaje formal), lo que indica que hay una inquietud creciente por la (mala) situación del sistema educativo, y una conciencia de que no hay actualmente continuidad entre una crianza familiar respetuosa y la experiencia de escolarización más generalizada.
 
En el sistema público hay ya algunas escuelas con solera que tienen otra forma de funcionar y que se han enfrentado incluso a la Administración. También es muy alentador ver cómo están surgiendo escuelas fantásticas, algunas de ellas siguiendo el modelo catalán (donde hay varios centros que aplican una pedagogía “viva y activa”). Pero todavía son muy pocas, y es necesario dar un impulso a la iniciativa de los docentes para transformar sus prácticas, algo que desgraciadamente encuentra dificultades en el sistema español.
 
Creemos que más y más familias están demandando ya cambios profundos, y también muchos educadores, pero aún son una minoría debido al desconocimiento y a la resistencia al cambio. Por eso pensamos que un documental como el que estamos preparando puede ser tanto un espaldarazo para esas familias y profesionales que ya están en el camino de hacer las cosas de otra forma, como un revulsivo para quienes no se lo han planteado aún por falta de información. Para que estas iniciativas dejen de ser minoritarias y privadas, para que haya un cambio sustancial, se aparten los prejuicios y se entienda la importancia de estas propuestas educativas, es imprescindible encontrar también apoyo y fundamentación en el trabajo de expertos y académicos, que deje de ser algo marginal con lo que se identifican sólo unos pocos, y eso es lo que nos hemos propuesto.
 
¿Cuáles son las principales diferencias que habéis encontrado aquí respecto a otros países?
 
En España la legislación en materia educativa es muy rígida y plantea las mismas exigencias a las escuelas, sea cual sea su tamaño. En países como Estados Unidos, en cambio, hay muchísimas facilidades para montar una escuela del tipo que sea, o para educar en casa. En Inglaterra los centros públicos pueden diseñar su propio currículum. Curiosamente, este aumento de la autonomía de los centros educativos es una recomendación que la OCDE está haciéndole al gobierno español. Además en todos los países que hemos visitado la educación “alternativa” está muy arraigada: en Inglaterra se fundó Summerhill, la escuela democrática más antigua, en 1921. En EEUU está Sudbury Valley, que funciona desde finales de los años sesenta. Allí existe una de las mayores asociaciones de educación alternativa, AERO, que celebra un congreso anual multitudinario. En Holanda hay multitud de escuelas democráticas, algunas de ellas tienen financiación estatal y están muy reconocidas, además de que las propias escuelas públicas empiezan a adoptar otro enfoque pedagógico más cercano a las escuelas finlandesas o suecas. En Alemania y otros países del norte de Europa, las escuelas al aire libre son muy numerosas (hay unas 700) y son una opción que muchas familias prefieren para la etapa de infantil (cuando en nuestro país casi se pueden contar con los dedos de una mano).
 
¿La situación fuera es mejor que aquí, o tendemos a idealizar?
 
Es innegable que en España queda mucho por hacer a nivel de sensibilización y de medidas legales, y que hay países de los que podemos aprender en esos aspectos. Pero, incluso con esas dificultades, creemos que en España la educación alternativa está teniendo un impulso tremendo a nivel de base: hay muchísimas iniciativas y proyectos vinculados a ella. Hay también escuelas magníficas, y sobre todo no podemos olvidar la implicación y el compromiso de tantas familias y educadores, sus esfuerzos por formarse y por transformarse para responder a lo que necesitan los niños y niñas. Estamos en un momento clave, histórico quizás, por el cambio de sensibilidad que estamos viviendo.
 
¿Pensáis que las dificultades provienen sobre todo de las administraciones? ¿O también de docentes y familias?
 
Hay dificultades evidentes a nivel legal, aunque en cada comunidad la situación es distinta. No es igual Cataluña que Galicia, ni Madrid que Andalucía. Pero el motor del cambio no son las políticas, son las familias y los docentes. No podemos esperar a que cambie la ley, tenemos que seguir batallando cotidianamente porque esa ilusión y esa labor increíble que están haciendo muchas escuelas y maestras se extiende, se contagia, y es lo único que puede cambiar la sociedad, y las leyes.
 
Pero hay también mucho trabajo de sensibilización que hacer, muchas dinámicas familiares que cambiar, porque la educación empieza en la familia, y si las familias no piden que la escuela cambie, no cambiará. Y nos hemos encontrado casos en que, cuando los docentes intentan incorporar cambios, son algunas familias las que oponen resistencia. La causa de esto es el desconocimiento, la falta de información, la persistencia de mitos y prejuicios infundados, y el miedo al cambio.
 
¿Creéis que será fácil introducir cambios en la escuela pública?
 
Hay que decir que, a título individual y muchísimas veces de forma anónima, muchos docentes están ya intentando introducir otra pedagogía en el aula, en su aula, con los medios y posibilidades y límites que supone el sistema. Ese es el primer paso.
 
Si hablamos de que todo un centro adquiera el compromiso de aplicar otro modelo de pedagogía (algo que algunas escuelas públicas han conseguido gracias a la sintonía pedagógica entre sus docentes) está claro que en España no es fácil, porque la necesidad de incorporar docentes en situación de interinidad hace muy difícil la coherencia de un centro a nivel pedagógico. En Inglaterra, por ejemplo, son los directores de los centros quienes contratan directamente el personal, y eso permite mantener una línea pedagógica. Sólo si conseguimos “enrolar” a más y más docentes en esta transformación, si dejan de ser una minoría, podremos aspirar a que se convierta en algo más factible y duradero.
 
¿Qué diríais a quiénes dicen eso de todo esto es muy bonito, pero los niños cuando crezcan se encontrarán con una sociedad competitiva, que nada tiene que ver con este tipo de educación?
 
Nuestra sociedad está cambiando a un ritmo vertiginoso, pero la escuela se ha quedado fosilizada en el siglo XIX, en los albores de la era industrial. Aunque podamos no ser conscientes, hemos entrado ya de lleno en la era de la participación, y avanzamos hacia una sociedad basada cada vez más en valores que nos alejan de la competitividad y del individualismo: conocimiento libre, redes altruistas, trabajo colaborativo en red, bancos de tiempo, globalización del saber, software social… En este nuevo escenario donde las personas nos interconectamos a la velocidad de un clic, el conocimiento se comparte, se comunica y se genera, ya no es prerrogativa de los expertos, y es importantísimo entender que nuestro papel en este proceso está también cambiando: estamos pasando de ser consumidores pasivos de información a ser productores, de ser “consumers” a ser “prosumers”. Todo esto es el futuro, y nosotros creemos que una persona que no haya crecido en la filosofía de que lo que nos enriquece es compartir, que la colaboración es mucho más enriquecedora que la competición, va a ver mermadas sus posibilidades de desarrollo personal pero también profesional.
 
A un nivel más psicológico, quizás el problema es que solemos pensar que ser competitivo equivale a ser fuerte y capaz de enfrentarse al mundo “real”, y que alguien que no ha aprendido a competir estará en inferioridad de condiciones en nuestra sociedad. Aquí también entran en juego prejuicios a veces inconscientes: tenemos la idea de que ser competitivos nos hará llegar “más lejos” en la vida, y este éxito se mide casi siempre en términos económicos. Otro prejuicio relacionado con esto es el que vincula la competitividad con el esfuerzo: si no compites, no te estás esforzando, y por tanto no lograrás nada.
 
Nosotros proponemos desmontar estos mitos: quien compite depende de juicios externos, de la aprobación de los demás, de ser capaz de ganar en esa competición constante a la que se ha acostumbrado. Pero que haya ganadores implica que hay perdedores, y no siempre podemos ganar, con lo que el sufrimiento de unos u otros está garantizado. Mientras que quien ha sido aceptado por ser como es, sin juicios, sin expectativas, sin tener que “encajar”, desarrolla en sí mismo esa aceptación incondicional, se acepta a sí mismo con sus aciertos y equivocaciones, con sus virtudes y defectos. Para llegar a tener una vida exitosa, nosotros pensamos que lo más importante es ser feliz, haber descubierto qué te hace feliz independientemente de las circunstancias, y eso es lo que la educación debería propiciar. Por otro lado, cuando estamos enfrascados en algo que nos seduce, el esfuerzo no se percibe como tal, podemos pasar horas y horas haciendo eso que nos fascina, sin cansarnos. Hay que reivindicar el papel esencial del gozo, del placer, en el aprendizaje: sin ello se puede estudiar, sí, memorizar también, pero muy poco de eso queda porque sin motivación, sin un interés real, no hay una base sólida y nuestra comprensión del mundo y de nosotros mismos se tambalea.
 
¿Y a quienes acusan a estas pedagogías de elitistas?
 
Lo primero sería recordarles que ya hay centros públicos que están empezando a aplicar estas pedagogías con mucho éxito y con el reconocimiento de las familias. Pero desgraciadamente, el sistema público en España (que está financiado con los impuestos de todos, y que subvenciona centros religiosos en los que hay segregación por sexos, por ejemplo), aún no ofrece suficientes alternativas a las familias que creen en un modelo de educación más respetuoso con el desarrollo de las niñas y niños, de forma que estas madres y padres han de sufragar de su bolsillo la existencia de otras opciones educativas. Esto es injusto, y hay que decirlo muy claro: la libertad educativa en España es una pantomima.
 
En Estados Unidos, algunas escuelas alternativas permiten pagar cuotas escalonadas en función de los ingresos familiares, se paga mas cuanto más de ingresa, y a la inversa. También hay escuelas donde las cuotas son reducidísimas (más bajas que el coste de los materiales en la educación pública) precisamente para permitir que sean asequibles. Por supuesto, hay familias que jamás podrán acceder económicamente a una educación privada. Pero probablemente, y desgraciadamente, muchas de esas familias, por simple desconocimiento, tampoco se plantearían nunca acudir a una escuela “diferente” de la norma. Hemos conocido muchas, muchísimas familias que no tienen grandes ingresos, que tienen incluso dificultades económicas, que han hecho esfuerzos increíbles para poder llevar a sus hijas e hijos a una escuela donde se sientan respetados. A veces estas familias han dejado todo: trabajo, entorno social, casa... Han cambiado totalmente su modo de vida. Hemos conocido a mamás que limpiaban la escuela al final de la jornada para poder tener un descuento en la mensualidad, porque si no les era imposible costearse una escuela alternativa. No todo el mundo está dispuesto a hacer esto por la educación de sus hijos, ¿verdad? Creo que el último adjetivo que les pondríamos es el de “elitistas”.
 
¿Creéis que los proyectos viven aislados? ¿Todavía hay miedo a mostrarse? ¿Existe cierta actitud yo me lo guiso, yo me lo como?
 
Hay cierto aislamiento, que probablemente responde a las enormes dificultades para sacar un proyecto como estos adelante. No queda tiempo ni fuerzas para mirar hacia fuera. En España sólo hay una asociación, la Xarxa d’Educació Lliure (XELL) que abarca escuelas de Cataluña y la Comunidad Valenciana. Hay también miedos, claro, porque la mayor parte de estos proyectos ni están homologados ni pueden acceder a homologarse por el desembolso económico que ello supone: son escuelitas pequeñas, muy vinculadas a las familias, que hacen mucho más que pagar las cuotas. En ocasiones han tenido inspecciones, y eso asusta y genera muchas incertidumbres.
 
Apostar por cambiar todo un sistema requiere tiempo, esfuerzo y mucha dosis de paciencia. La mayor parte de las familias necesitan resolver su situación de forma inmediata o casi, porque sus hijos crecen y deben escolarizarse por ley. El miedo, la presión del sistema legal, la falta de apoyo social, no ayudan a que estos proyectos sean más visibles.
 
¿Habéis encontrado muchas diferencias entre las diferentes comunidades autónomas?
 
Sí, España son muchas Españas, y el apoyo institucional (o su ausencia) hace mucho. En Cataluña hay varias escuelas públicas que desarrollan una pedagogía viva y activa. Pero en el resto del estado son mucho menos numerosas. Por no hablar de comunidades donde este tipo de educación todavía no se entiende, donde socialmente se rechaza. En Madrid, a pesar de que hay cada vez más una demanda social de estas pedagogías, el ayuntamiento ejerce un control férreo de estos proyectos, se hacen inspecciones, algunos proyectos han tenido muchísima presión por parte de las autoridades, y han tenido que cerrar.
 
¿Qué tal ha sido la acogida por parte de los proyectos? ¿Alguno no ha querido que le visitárais?
 
En su mayoría, nos han acogido de maravilla. Ha habido algunos que no aceptan visitas y que no hemos podido conocer, como Sudbury Valley en Estados Unidos. Otros nunca nos han contestado. Alguno hay que nos ha cerrado la puerta literalmente “en las narices” a pesar de haberles escrito reiteradamente y no haber recibido respuesta. Pero estamos muy contentos, porque realmente queremos ir a aquellos lugares que se alegran y se ilusionan de recibirnos. Si no, no merece la pena el esfuerzo.
 
¿Pensáis que todos entendemos más o menos lo mismo por educación libre? ¿Hay un marco común claro? 
 
En absoluto. Es evidente que cada escuela desarrolla su propio estilo en función de sus influencias y sus orientaciones. Hay obras y autores de referencia que son recurrentes, como en España los Wild, Montessori, Neill, Steiner, Piaget… En el extranjero hay otras fuentes más desconocidas aquí, como John Holt, Taylor Gatto… Pero luego, en cada lugar ocurre algo único y las personas que lo forman le imprimen un carácter diferenciado. Hay escuelas libres donde podemos encontrar decenas de normas de comportamiento. Hay otras donde (al menos explícitamente) hay muy pocas normas. La idea de libertad es un aspecto en el que todas estas escuelas se diferencian, aunque tengan una base común. También el papel de los adultos varía, desde ser una presencia más palpable y continua a ser algo más difuso e imperceptible. Y el contacto con la naturaleza, aunque todas reconocen que es beneficioso, tiene más o menos peso según la filosofía y la ubicación de cada proyecto.
 
¿Visitando algún proyecto os habéis encontrado con la sorpresa de que la práctica no encajaba con la teoría, o con que no compartían la visión que vosotros tenéis de la pedagogía?
 
En todas las escuelas que hemos visitado ha habido aspectos que compartimos y otros que no tanto. ¡Por eso existe la diversidad y es bueno que así sea! Pero no se pueden hacer juicios de valor absolutos, y mucho menos sin tener en cuenta el entorno y las condiciones en que surgen y funcionan estas escuelas, que habitualmente se encuentran con muchas limitaciones (económicas, de espacio, de recursos, de personal…). Lo que nosotros tratamos de hacer es entender por qué cada escuela es como es, en todas sus dimensiones.
 
¿Creéis que hay familias que se obsesionan con encontrar la escuela perfecta, pero que luego en el día a día se olvidan de pasar tiempo con sus hijos?
 
Una mamá de una de las escuelas que visitamos nos contó que, después de tantas lecturas y de tanto tiempo tratando de montar una escuela para sus hijas, se había dado cuenta de que estaba cayendo en el error de buscar “todo para sus hijas, pero sin sus hijas”, un “despotismo educado”, y que eso le entristeció y trató de corregirlo. Creo que es algo que nos puede suceder con facilidad. Más importante que ninguna escuela es la relación que forjemos con nuestros hijos. Da igual llevarles a una escuela libre fantástica si luego no pueden contar con nosotros en el día a día, y si no sienten que confiamos en ellos. La mejor educación no empieza en la escuela, empieza en la familia.
 
¿Este viaje os está sirviendo a nivel personal, para decidir donde vivir en el futuro...?
 
En este momento estamos completamente enfrascados en Esto no es una escuela, en nuestro proyecto de difusión y en el documental. Nos absorbe tanto tiempo y energías que no podemos dedicarnos a pensar mucho en el futuro. Estamos tratando de abrir puertas, de conocer y aprender todo lo posible, porque consideramos que tenemos algo que aportar, algo que puede ayudar a las niñas y niños. Ahora mismo ese es el objetivo.
 
¿...o quizás para plantearos poner en marcha un proyecto con lo que más o ha gustado de cada uno?
 
Por supuesto que es algo que nos viene a la cabeza, pero nos gusta hacer las cosas despacito y con buena letra, y ahora no es el momento. Quizás es unos meses esta respuesta sea diferente, pero ahora mismo es el momento de trabajar muy duro en el documental, que es nuestra apuesta.
 
¿Ha sido duro hacer tantos kms en bici con una niña pequeña? ¿En algún momento se os ha pasado por la cabeza tirar la toalla?
 
Al principio del viaje hubo algún momento en que pensamos que quizás no podríamos seguir, pero no por ir en bici, sino porque para subirnos a un tren teníamos que subir el equipo (dos bicis, dos remolques grandes repletos hasta las trancas, una alforja pesada, un asiento para bebé, y una bebé) a pulso por escaleras infinitas cuando no había ascensor o rampas. Hacer esto con una hernia es duro, y la espalda de Diego se resintió. Pero en cuanto empezamos a montar más en bici y coger menos trenes, todo fue mejor.
 
Jara es una campeona que ha llevado muy bien todo el viaje, aunque al principio también tuvo momentos difíciles porque no quería dejar atrás los lugares y personas que iba conociendo. Lo cierto es que los tres hemos hecho esfuerzos, pero la ilusión y el apoyo de tantas personas nos han hecho recuperarnos siempre y seguir adelante con muchísimas ganas.
 
¿Habéis recibido algún tipo de ayuda, donación, ...?
 
No hemos recibido donaciones económicas de nadie, ni las hemos solicitado. Todos los gastos de viaje, equipamiento, material fotográfico, diseño y mantenimiento de la web, etc. los hemos sufragado con nuestros ahorros. Queremos que nuestro proyecto sea independiente, que nadie condicione el documental ni pueda orientar su mensaje. Sí que estamos preparando una campaña de financiación colectiva para recaudar fondos para editar el documental: queremos hacer algo de calidad, que consiga atención mediática, algo que muchas personas lleguen a ver y que pueda tener algún efecto en la sociedad, y por ello necesitamos poner mucho dinero; creemos que un proyecto social y educativo como éste (en el que nosotros no sólo no vamos a tener beneficios, sino que apostamos por retornar al procomún nuestra inversión, liberando todos los contenidos de la web y el documental con licencias copyleft) debería ser de todas y todos.
 
Mucha, muchísima gente nos ha ayudado enviándonos mensajes de apoyo, que nos hacían subir las cuestas con más alegría. Tenemos que decir que la mayor ayuda que hemos recibido ha sido de las familias que nos han ofrecido su casa desinteresadamente para alojarnos durante el viaje. Son personas maravillosas y generosísimas que siempre recordaremos.
 
¿Cómo se puede colaborar con vosotros?
 
¡Hay un montón de formas!: Suscribiéndote a nuestro diario para recibir las actualizaciones, difundiendo nuestras publicaciones en internet (compartiéndolas en facebook, twitter o por email), aportando un donativo a la campaña de crowdfunding (cuando esté lista, probablemente esta primavera), ayudándonos con la edición del documental (si tienes conocimientos profesionales de montaje y edición de vídeo), enviándonos un mensaje de apoyo o información sobre temas relacionados con la educación activa… en cuanto lancemos la campaña de crowdfunding haremos un llamamiento a todos nuestros seguidores para que nos echen una mano con la difusión y con la propia edición del documental… ¡os pedimos que estéis atentas y atentos!
 
¿Repetiríais esta aventura?
 
Mil veces. Siempre lo decimos: después de Jara, esto ha sido lo mejor que hemos hecho en la vida.

Las bicis con las que han recorrido medio mundo
Mas info: http://www.estonoesunaescuela.org
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